En España la palabra «comida» significa, sin más, la comida del mediodía. Es la más importante: la más larga, la más cuidada y casi siempre la más acompañada.
A las dos de la tarde el pueblo se vacía. Los talleres cierran, los niños vuelven del colegio, las persianas se entornan. Lo que viene es un ritual de noventa minutos como mínimo.
La comida no es solo nutrición: es el momento en que la familia se sienta a la misma mesa. Se cocina con tiempo, se sirve en fuentes y se comparte. Hay un primer plato, un segundo y un postre, casi siempre fruta.
«Si quieres conocer a alguien en España, come con él. Y luego quédate.»
El modelo no es la pirámide ni el «plato de Harvard»: es la sucesión. Empezar por algo ligero y vegetal (gazpacho, ensalada, legumbre), seguir con proteína moderada y guarnición, y terminar con fruta. Pan en la mesa, pero sin abusar.
La base de la cocina es el aceite de oliva virgen extra, el ajo, la cebolla, el tomate, el pimiento. Productos baratos, técnicas sencillas y, sobre todo, mucho fuego lento.
La mesa se pone con mantel, aunque sea de tela vieja. La televisión, si está encendida, no manda. Las pantallas no entran, salvo para una llamada corta a alguien que no ha podido venir.